Hotel viejo. Lo único rescatable que tiene es la cercanía con la estación. El personal de recepción pésimo. Nos cobró mal el desayuno y mal el impuesto (nos quería cobrar doble el desayuno ni explicó como era, ni se disculpó). No quiso explicar nada y lo poco que dijo, lo hizo mal. Todo mal hecho y la recepcionista no se hizo responsable por las consecuencias de sus errores, mala actitud y desinteresada. El bufet de desayuno (si se le puede llamar así) fue pobre y la encargada o mesera (no sé qué función tenía) fue demasiado grosera. Caro para lo que era. Lo peor para mí fue que el hotel por ser viejo, no tiene aire acondicionado y el calor fue infernal, tampoco habían amenidades. No se ocupan de la comodidad del cliente y te ponen un ventilador de mala calidad que no sopla y lleno de polvo y pelusas. Pasé las dos peores noches en un hotel de mi vida, y soy viajera experimentada. Se de lo que hablo: la habitación era un horno de calor y teníamos que dormir con la ventana abierta y oyendo los festejos del triunfo de su selección. En la recepción te ofrecen café caliente con este calor, y no se ocuparon de poner agua fría o hielos o de poner un ventilador que funcionara en la habitación, hielo al alcance de la gente ni de aclarar en su publicidad que no cuentan con aire acondicionado para decidir ir a otro lugar. El calor es algo inusual pero no hubo ninguna disposición por dar una mínima ayuda para poderlo soportar. Caro y pésimo. Jamás lo recomendaría.