Hotel hermoso, elegante y con muchísimo encanto. La ubicación es excelente y la vista desde la azotea hacia la Catedral y la Giralda es espectacular. Además cuenta con piscina, spa, bar de vinos y restaurante.
La habitación era muy amplia, con balcón, una cama increíblemente cómoda, buenos amenities y varias opciones de café. La plancha se puede solicitar. El desayuno es muy variado, con buffet amplio, cava o mimosa y huevos a la carta preparados rápidamente.
Mención especial para Emma, con un servicio 10/10, para el chico colombiano que hace funciones de host, siempre amable y dispuesto a ayudar, y para Sonia en el restaurante, cuya energía positiva es contagiosa.
Como puntos a mejorar, el Wi-Fi nos pareció algo lento y durante nuestra estancia no recibimos limpieza de la habitación, pese a dejar el aviso, por lo que tampoco repusieron agua ni toallas. Además, al estar en el último piso, cerca de la azotea, durante la madrugada se escuchaba una máquina de limpieza o mantenimiento.
En general, una muy buena estancia, en un hotel precioso y con un personal que realmente marca la diferencia.